Vincent Van Gogh

(Zundert, 30 de marzo de 1853-Auvers-sur-Oise, 29 de julio de 1890) 

“El genio de Van Gogh reside en sus cuadros. Sólo él comprendió que el color no es una pasta de pigmento para embarrar el lienzo. Sus cuadros nos enseñan que el color es una vibración (a ratos celestial, a ratos telúrica) y por ello su obra es del todo subyugante. Existe un amarillo y un azul Van Gogh que sólo son reconocibles en sus cuadros”, escribe David Martín del Campo en su libro El azul de Van Gogh, perteneciente a la colección de Periodismo Cultural editada por la Secretaría de Cultura federal.

“¿Qué se puede considerar ante la tumba de Vincent van Gogh? El desconsolado pintor se había exiliado en la apacible villa de Auvers-sur-Oise, a una hora de París, huyendo del tráfico urbano que tanto lo perturbaba. Ahí fue donde el genio holandés concluyó su arte y sus días en el verano de 1890, legándonos esa paleta de azules inconmensurables que revelan mucho de su melancolía… Amparado por ese espíritu, el presente libro conjunta una selección de 100 textos periodísticos escritos a lo largo de tres lustros.”

Es así como los breves ensayos, antecedidos por el texto introductorio El síndrome de Gauguin escrito por Mauricio Carrera, integran en los apartados: “Cosas de la vida”, “Por sus obras”, “Pasaporte en mano”, “Pompa y Circunstancia” y “Hermosa provincia mexicana”.

En el denominado El azul de Van Gogh, donde Martín del Campo nos aproxima al pintor -nacido el 29 de julio de 1853- considerado como uno de los principales exponentes del postimpresionismo. Nos lleva a su travesía por Francia, desde que abordó el tren en la Gare du Nord hasta llegar a Auvers donde Vincent van Gogh se estableció a partir del 20 de mayo de 1890 luego de abandonar el manicomio de Saint-Rémy.

Saliendo del andén, “uno se topa con las señales de esa veneración casi litúrgica: el letrero que señala hacia el Museo Van Gogh, hacia la iglesia que pintó dos semanas antes de morir, hacia el cementerio, o a la casa donde habitó (y que hoy ocupa el restaurante Auberge Revoix)”, relata el escritor y periodista.

“Los muros de las quintas son de piedra y ladrillo y están cuajados de zarzamoras. No es demasiado difícil dar con la iglesia; de pronto, al situarnos ante su fachada, algo cruje en el pecho. La parroquia es idéntica a la que pintó Vincent un siglo atrás (sus techos ondulados, los vitrales góticos) y solo faltaría la campesina en suecos y cofia avanzando a su izquierda”.

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Fuente: https://www.gob.mx/cultura/prensa/vincent-van-gogh-el-revolucionario-de-la-expresion-plastica 

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